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Introducción, traducción del inglés y notas de Lina Cuéllar Wills
Ilustraciones de Olga Lucía Aldana
Tomado de «And Then They Came for Me», con el permiso de The Sunday Leader.
El contexto en el que se escribió esta carta, aunque con sus particularidades lógicas, no parece muy distinto del de los países que viven en medio de conflictos sociales, políticos y religiosos. Sri Lanka se encuentra gobernada por una democracia socialista, liderada por el presidente Mahinda Rajapakse. Pese a las promesas de velar por los derechos humanos, la isla ha continuado desangrándose debido al conflicto étnico que la divide y que hasta mayo del presente año se veía reforzado por el interés de la organización separatista Tigres de Liberación Tamil de Eelam (Liberation Tigers of Tamil Eelam), más conocida como los Tigres Tamiles, de crear una nación independiente para el pueblo tamil, que habita el norte y este del país. Una visión política y social de la situación actual de Sri Lanka puede leerse en las palabras que aparecen a continuación.
Después vinieron por mí
Lasantha Wicrematunge
Ninguna otra ocupación les pide a sus profesionales que renuncien a su vida por el arte, con excepción de las fuerzas armadas y, en Sri Lanka, del periodismo. En el curso de los últimos años se han venido incrementando los ataques a los medios independientes; se han quemado, bombardeado, sellado e intimidado decenas de medios electrónicos e impresos. Se ha acosado, amenazado y asesinado a un incontable número de periodistas. Y ha sido un honor pertenecer a todas estas categorías, y ahora especialmente a la última.
He estado en el negocio del periodismo por largo tiempo. De hecho, en 2009 se cumplirán quince años de la creación del Sunday Leader. Muchas cosas han cambiado en Sri Lanka durante este tiempo y no es necesario que sea yo quien les diga que gran parte de esos cambios han sido para mal. Nos encontramos en medio de una guerra civil llevada a cabo cruelmente por personas cuya sed de sangre no conoce límites. El terror, bien sea perpetrado por el Estado o por terroristas, se ha convertido en el orden del día; sin duda, ahora el asesinato es la principal arma por medio de la cual el Estado busca controlar los órganos de la libertad. Hoy son los periodistas y mañana serán los jueces, pues ninguno de los dos ha corrido riesgos tan altos y ha tenido apuestas tan bajas como hasta ahora.
¿Por qué lo hacemos, entonces? Muchas veces me lo pregunto. Al fin y al cabo, también soy esposo y padre de tres niños maravillosos. También tengo responsabilidades y obligaciones que trascienden mi profesión, sea ésta el periodismo o las leyes. ¿Vale la pena el riesgo? Mucha gente me dice que no. Mis amigos me insisten en que regrese a los tribunales y Dios sabe que esto ofrece una vida mejor y más segura. Otros, entre ellos líderes políticos de uno y otro bando, han tratado en varias ocasiones de inducirme a la política hasta llegar al punto de ofrecerme el ministerio que yo elija. Algunos diplomáticos, al reconocer el riesgo que corren los periodistas en Sri Lanka, me dieron vía libre para residir en su país. Sin embargo, cualquier situación en la que me haya visto atrapado no ha sido por falta de elección.
Pero hay una convicción que está por encima del oficio, la fama, el lucro y la seguridad: es la convicción de la conciencia. El Sunday Leader ha sido un periódico controversial porque decimos lo que vemos: sea un ladrón o un asesino, lo llamamos por su nombre. No nos escondemos tras eufemismos. Los artículos investigativos que publicamos están sustentados por evidencias documentadas gracias al coraje de los ciudadanos que, a pesar del gran riesgo que esto significa, nos entregan el material. Hemos sacado a la luz escándalo tras escándalo, sin que en estos quince años hayan podido demandarnos o probar que estábamos equivocados. Los medios independientes sirven como un espejo en el que el público puede verse sin máscaras. Desde acá, ustedes pueden conocer el estado de su nación, especialmente del manejo que le están dando aquellas personas que ustedes eligieron para ofrecerles un mejor futuro a sus hijos. A veces la imagen que se ve en el espejo no es placentera; pero mientras ustedes se quejan en la tranquilidad de su sillón, los periodistas lo hacen de manera pública, arriesgando así su vida. Esa es nuestra convicción y no la evadimos.
Todo periódico tiene su punto de vista y nosotros no ocultamos el hecho de que también tenemos uno. Nuestro compromiso es ver a Sri Lanka como una democracia transparente, secular y liberal. Piensen en estas palabras, pues cada una de ellas tiene un profundo significado. Transparente, porque el gobierno debe ser abiertamente responsable con el pueblo y nunca abusar de su confianza; secular, porque en una sociedad multiétnica y multirracial como la nuestra, el laicismo ofrece el único espacio en común en el que podemos estar todos unidos; liberal, porque reconocemos que todos los seres humanos nacen diferentes y tenemos que aceptar a los demás como son y no como quisiéramos que fueran, y democrático… bueno, si necesitan que les explique por qué esto es importante, deberían dejar de comprar este periódico.
The Sunday Leader nunca ha buscado seguridad al articularse con la visión de la mayoría sin cuestionamiento alguno. Afrontémoslo: esa es una buena forma de vender periódicos. Por el contrario, como nuestras columnas lo han demostrado a lo largo de los años, muchas veces difundimos ideas que las personas consideran de mal gusto. Por ejemplo, hemos adoptado la visión de que pese a que hay que erradicar el terrorismo separatista, es más importante dirigirse a las causas principales de esta práctica e insistirle al gobierno en que vea el conflicto étnico de Sri Lanka en su contexto histórico y no a través del lente del terrorismo. También nos hemos manifestado en contra del terrorismo de Estado en la conocida guerra contra el terror y no hemos ocultado el horror que nos produce saber que Sri Lanka es el único país en el mundo que bombardea rutinariamente a sus propios ciudadanos. Debido a estas posturas nos han etiquetado como traidores: si esto es verdadera traición, entonces llevaremos el título con orgullo.
Muchas personas sospechan que The Sunday Leader tiene una agenda política: no es así. Si somos más críticos con el gobierno que con la oposición es sólo porque creemos que no tiene sentido (y pido excusas por el argot deportivo) anotarse autogoles. Recuerden que durante los primeros años de existencia de nuestro periódico en los que el United National Party1 estuvo en el poder, demostramos ser su piedra en el zapato al destapar la corrupción y los excesos que se presentaron. Sin duda la constante publicación de hechos embarazosos en nuestro periódico pudo haber contribuido a precipitar la caída de este gobierno.
Nuestro desagrado por la guerra tampoco debe interpretarse como un apoyo a los Tigres2. Los Tigres Tamiles son una de las más crueles y sangrientas organizaciones que han infestado el planeta y no es contradictorio decir que hay que erradicarlos. Pero hacerlo violando los derechos de los ciudadanos tamiles, bombardeando y disparándoles sin piedad, deshonra a los cingaleses y cuestiona su orgullo de ser los guardianes del dhamma3, producto del salvajismo, del cual poco se conoce debido a la censura.
Aún más, una ocupación militar de las zonas norte y este del país requeriría que los tamiles que habitan esas regiones se convirtieran en ciudadanos de segunda clase, privados del respeto propio. No piensen que pueden pacificarlos llenándolos de ofrecimientos de «desarrollo» y «reconstrucción» luego de la guerra. Las heridas infligidas los marcarán para siempre y entonces habrá una diáspora aún más amarga y rencorosa con la cual lidiar. Un problema susceptible de solucionarse por la vía política puede, por el contrario, convertirse en una herida infectada que conducirá a un conflicto sin fin. Y si parezco molesto y frustrado es sólo porque la mayoría de mis compatriotas (y del gobierno en general) no pueden ver esta situación de manera clara.
Es bien sabido que en dos ocasiones me atacaron brutalmente y que en otra oportunidad ametrallaron mi casa. A pesar de las promesas moralistas del gobierno, nunca hubo una investigación legal sobre los perpetradores de los ataques y, por tanto, nunca los aprehendieron. En los tres casos tengo razón en creer que estos atentados los inspiró el gobierno. Cuando finalmente esté muerto, es el gobierno el que me mata.
La gran ironía, conocida por muy pocos, es que Mahinda4 y yo hemos sido amigos por más de un cuarto de siglo. De hecho, sospecho que soy una de las pocas personas que todavía se dirigen a él por su nombre de pila y usa el «oya», término familiar en cingalés, para hablar con él. A pesar de que no asisto a las reuniones mensuales que convoca para editores de periódicos, difícilmente pasa un mes en que no nos encontremos, de manera privada o con algunos amigos cercanos, tarde en la noche en la casa presidencial. Entonces intercambiamos historias, discutimos sobre política y nos reímos de los viejos tiempos. Por tanto, le dirigiré algunas de las siguientes opiniones.
Mahinda, cuando finalmente lograste obtener tu lugar en las nominaciones presidenciales del Sri Lanka Freedom Party5 en 2005, en ningún otro lugar fuiste mejor recibido que en las columnas de este periódico. De hecho, rompimos con una década de tradición al referirnos a ti por tu nombre de pila. Eran tan conocidos tus compromisos con los derechos humanos y valores liberales, que te incluimos como el sol de un nuevo día. Pero después te involucraste tontamente en el escándalo de «Helping Hambantota»6. Fue después de mucho interrogarnos que decidimos destapar la noticia, pidiéndote al mismo tiempo que devolvieras el dinero. Para el momento en que lo hiciste, varias semanas después, tu reputación ya había sufrido un duro golpe que aún estás tratando de borrar.
Tú mismo me habías dicho que no codiciabas la presidencia. Y no tuviste que ir tras ella: te cayó en el regazo. Me dijiste también que tus hijos eran tu mayor alegría y que adorabas pasar tiempo con ellos, por lo que permitiste que tus hermanos operaran la maquinaria de Estado. Ahora está claro para todo el mundo que esa maquinaria ha funcionado tan bien, que mis hijos se han quedado sin padre.
Sé que en mi velorio harás los consabidos pronunciamientos moralistas y apelarás a la policía para que haga una investigación exhaustiva y eficaz. Pero como todas las investigaciones que has ordenado en el pasado, no habrá ningún resultado pues, la verdad sea dicha, ambos sabemos quién está detrás de mi muerte. Sin embargo, no nos arriesguemos a decir su nombre; no sólo mi vida sino también la tuya dependen de esto.
Tristemente, en sólo tres años redujiste a escombros todos los sueños que tenías para nuestro país en tu juventud. En nombre del patriotismo has pisoteado los derechos humanos, patrocinado ampliamente la corrupción y derrochado el presupuesto público como ningún otro presidente lo habría hecho. En cierta forma, tu conducta ha sido como la de un niño que pierde el control en una tienda de juguetes. Pero de pronto esta analogía no es del todo correcta, porque ningún niño podría haber causado tanto derramamiento de sangre en su tierra o haber pisoteado los derechos de sus ciudadanos como tú lo has hecho. A pesar de que en este momento te encuentras tan cegado por el poder que no puedes verlo, algún día te arrepentirás de que tus hijos hayan recibido una herencia con tantas manchas de sangre. Y esto sólo podrá acarrear una tragedia. En lo que a mí respecta, me voy con la conciencia limpia a encontrarme con el Creador. Deseo, cuando finalmente llegue tu hora, que puedas hacer lo mismo. Lo deseo.
Tengo también la satisfacción de que caminé erguido y nunca me arrodillé ante nadie. Y no he hecho este viaje solo. Colegas de otras ramas de la comunicación me acompañaron; muchos de ellos están muertos, otros en prisión sin haber sido juzgados y otros más exiliados en tierras lejanas. Algunos viven bajo la sombra de la muerte que tu gobierno ha impuesto sobre las libertades por las que alguna vez luchaste. Nunca se te permitirá olvidar que mi muerte ocurrió bajo tu vigilancia. Aunque sé que estarás angustiado, también tengo claro que no te quedará otra opción que proteger a mis asesinos; te harás cargo de que el culpable nunca sea acusado, pues no tienes elección. Siento lástima por ti y por Shiranthi, tu esposa, quien tendrá que pasar mucho tiempo de rodillas la próxima vez que vaya a confesarse, pues no son sólo sus pecados los que habrá de reconocer, sino también los de los miembros de su extensa familia, que son los que te mantienen en el cargo.
A los lectores del Sunday Leader no puedo más que agradecerles por apoyar nuestra misión. Nos hemos comprometido con causas no muy populares; hemos apoyado a quienes no han tenido la fuerza de mantenerse en pie solos; entablado disputas con aquellos tan cegados de poder que han olvidado sus raíces; expuesto casos de corrupción y de despilfarro de los impuestos que ustedes han pagado con tanto esfuerzo; y, finalmente, nos hemos asegurado de que puedan tener una visión distinta, sin importar cuál haya sido la propaganda política del día. Mi familia y yo hemos pagado el precio que, sabíamos, algún día tendríamos que pagar. Siempre estuve preparado para eso. Aún más, no hice nada para prevenir este resultado: nada de seguridad, ninguna precaución. Quiero que mi asesino sepa que no soy un cobarde como él, que se esconde detrás de escudos humanos mientras condena a muerte a miles de inocentes. ¿Y quién soy yo entre tantos? Desde hacía mucho tiempo estaba escrito que me arrebatarían la vida y a manos de quién. Lo único que faltaba era escribir cuándo.
Que The Sunday Leader continuará luchando por una causa justa también está escrito, pues no estuve solo en este camino. Muchos de nosotros moriremos antes de que The Sunday Leader sea condenado a callar. Espero que mi asesinato no se vea como un desafío a la libertad sino como una inspiración para que aquellos que aún viven continúen con sus esfuerzos. De hecho, espero que esto ayude a impulsar a las fuerzas que introducirán en nuestra amada patria una era de libertad. También espero que esto abra los ojos del presidente para que entienda que no importa a cuántos masacren en nombre del patriotismo: el alma humana resistirá y florecerá. Ni la unión de todos los Rajapakses podrá matar eso.
La gente muchas veces me pregunta por qué corro estos riesgos y me dice que es cuestión de tiempo para que me asesinen. Por supuesto que lo sé: es inevitable. Pero si no hablamos en voz alta ahora, no quedará nadie que lo haga por quienes no pueden, bien sea minorías étnicas o aquellos que se encuentran en desventaja o perseguidos. Un ejemplo que me ha inspirado a lo largo de mi carrera como periodista ha sido el del teólogo alemán Martin Niemoller. En su juventud fue antisemita y admirador de Hitler. No obstante, cuando los nazis se tomaron el poder en Alemania, comprendió lo que esto significaba: no eran sólo los judíos a quienes Hitler quería exterminar, era a cualquier persona con un punto de vista diferente. Niemoller lo manifestó y por esta razón lo encarcelaron, entre 1937 y 1945, en los campos de concentración de Sachsenhausen y Dachau. Poco tiempo después lo ejecutaron. Durante este período, Niemoller escribió un poema que, desde que lo leí en mi adolescencia, se me quedó grabado:
Primero vinieron por los judíos
y yo no dije nada porque no era judío.
Después vinieron por los comunistas
y yo no dije nada porque no era comunista.
Luego vinieron por los sindicalistas
y yo no dije nada porque no era sindicalista.
Después vinieron por mí
y ya no había nadie que dijera nada7.
Si no recuerdan nada más, recuerden al menos esto: The Sunday Leader está ahí para ustedes, sean cingaleses, tamiles, musulmanes de una casta baja, homosexuales, disidentes o discapacitados. Sus periodistas seguirán luchando, de pie y sin miedo, con el mismo coraje al que ustedes se han acostumbrado. Pero no den por hecho ese compromiso; que no quede duda de que los sacrificios que hace un periodista no son por la propia gloria o el enriquecimiento: son para ustedes. Otro problema muy distinto es si ustedes lo merecen. En mi caso, sólo Dios sabe cuánto me esforcé.
Notas
1. United National Party en inglés, partido de derecha de Sri Lanka.
2. En inglés Liberation Tigers of Tamil Eelam (LTTE), Tigres de Liberación Tamil de Eelam, organización militar independentista de Sri Lanka, derrotada en mayo de 2009 por el gobierno de Rajapakse.
3. Enseñanza entregada por Buda.
4. Mahinda Rajapakse, presidente de la República Socialista Democrática de Sri Lanka.
5. Sri Lanka Freedom Party en inglés, Partido de la Libertad de Sri Lanka, partido de izquierda de este país.
6. «Helping Hambantota» fue un programa de ayuda a los damnificados del tsunami de 2005, cuyos fondos desvió el gobierno.
7. El orden del poema se presenta en la misma forma como se encuentra en la carta de Wicrematunge.
Lina Cuéllar Wills. Egresada de la Universidad Nacional del programa de estudios literarios y de la maestría de historia. Sus principales campos de acción son la docencia escolar y universitaria, y la investigación en el área de historiografía literaria e historia cultural y de las mentalidades.
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