LOS
JUGUETES DE McDONALD’S
Ibagué,
3 de diciembre del 2003
Estimados amigos:
En la sección La vida Salvaje del periódico El Nuevo Día,
de Ibagué, encontré esta nota del 2 de diciembre del destacado
ecólogo Gonzalo Palomino, que bien vale la pena que ustedes publiquen.
Me gusta mucho su revista. Sigan adelante.
Francisco Ordóñez.
«Trabajan
entre 14 y 18 horas. Tienen 15 minutos para comer y cuatro horas para
dormir en cuchitriles situados en las mismas fábricas. Al anochecer,
las trabajadoras son registradas para comprobar que no han robado nada.
Con sus puertas de metal y sus barrotes en las ventanas, estos talleres
parecen más un cuartel militar. Así es como los chinos
son competitivos.
Montar, empaquetar, montar, empaquetar, montar, empaquetar... Las 600
jóvenes trabajan como robots, sin levantar la mirada, darse un
respiro o hablar entre ellas. Todas han llegado del campo tratando de
salir de la pobreza y allí están, montando y empaquetando
muñecos de plástico, entre 14 y 28 horas al día,
permisos reducidos para ir al servicio y cuatro horas para soñar
que en realidad no están durmiendo en los cuchitriles situados
en la última planta de la fábrica.
Una ruidosa sirena las devuelve a la realidad y anuncia el nuevo día
mucho antes de que amanezca. Las empleadas saltan de la cama, se ponen
las batas y forman en línea, antes de correr escaleras abajo
hacia sus puestos. La gigantesca nave está situada en las afueras
de Shenzen, la ciudad más moderna del sur de China, rodeada de
otros almacenes parecidos, más o menos grandes, algunos con más
de cinco mil empleadas.
La lección para los niños está clara: la política
no importa. La naturaleza benigna de la producción capitalista,
con su ausencia de conflictos serios de todo tipo, es una tapadera para
una realidad mucho más salvaje. Los operadores de la tienda hablan
de la fe en McDonald’s como si fuera una religión.
Los juguetes que la multinacional de hamburguesas McDonald’s regala
en sus promociones son elaborados en China por adolescentes entre 12
y 17 años. Cobran 0,16 euros la hora».
AutogestiónSolidaridad.net/DavidJiménez/Rebelión.
¿CÓMO
HACER PARA QUE LOS NIÑOS LEAN?
Pilar
Reyes, editora de Alfaguara Colombia, nos mostró hace algunos
días este texto presentado por la revista Espantapájaros.
«Maurice
Sendak (Brooklyn, 1928) se hizo famoso cuando publicó Donde viven
los monstruos (1963), un maravilloso libro de imágenes escrito,
dibujado y diseñado por él. Este libro ha ganado importantes
premios como la Caldecott Medall, el máximo galardón de
los libros ilustrados, y figura entre los diez libros infantiles más
vendidos de todos los tiempos.
Navegando por Internet, Espantapájaros encontró esta entrevista
en la que Sendak invita a los padres a sentar a sus hijos en las rodillas
y leer con ellos.
Home Arts: ¿Qué
considera usted que deben hacer los padres para ayudar a sus hijos a
convertirse en lectores?
Sendak: Creo que es una “cosa física” sencilla: cuando
mi padre me leía, yo me recostaba sobre él y me volvía
parte de su pecho o de sus brazos. Y yo creo que los niños que
son abrazados y sentados en las piernas —deliciosamente acariciados—
siempre asociarán la lectura con los cuerpos de sus padres, con
el olor de sus padres. Y eso siempre te hará lector. Porque ese
perfume, esa conexión sensorial dura para toda la vida.
Al fin y al cabo, somos animales. Si observamos a los cachorros, veremos
que necesitan ser lamidos para sobrevivir. Pues bien, nosotros también
necesitamos “ser lamidos” para sobrevivir. Y la lectura
se convierte, de alguna manera, en un lamido. Cuando no sólo
oyes un cuento entrañable, sino que además estás
apretado por la persona más importante para ti en el mundo, la
conexión que se establece no puede disolverse. Por ejemplo, ahora
que estoy leyendo a Shakespeare de corrido, y cuando me alarmo y me
asusto, y me detengo y vuelvo a comenzar, hay una especie de conexión
visceral con mi padre, como lector, que me hace continuar.
Si hay algún consejo que yo pueda dar, sería ese: si estás
buscando una manera de acercarte a tus hijos, no hay nada mejor que
sentarlos en las piernas y leer. Cuando los pones frente a un computador
o a un televisor, los estás abandonando. Los estás abandonando
porque están sentados en un sofá o en el piso y probablemente
estén abrazando a un perro. Pero no te están abrazando
a ti».
EL
REPORTAJE Y LA CRÍTICA ESPECIALIZADA
Manizales,
17 de febrero de 2004
Estimados señores:
Luego de leer con cuidado la revista Número, edición 39
(diciembre de 2003 a febrero de 2004), me he encontrado con la reseña
de mi libro Cine-autopsia: una exploración al cine en Colombia,
escrita por el señor Luis Felipe Valencia Tamayo. De este texto,
claro, concreto, producto de la lectura sistemática del libro,
sólo tengo un par de anotaciones que hacer a partir de transcripciones
equivocadas: primero, la Compañía de Fomento al Cine se
conoció como Focine y no «Cocine» como dice la reseña
publicada por ustedes; aunque la palabra se presta para otra serie de
interpretaciones interesantes, y por qué no, relacionadas de
alguna manera con lo sucedido en aquellos años de apoyo estatal
al cine, no corresponde al nombre original. Segundo, el nombre del cineasta
Carlos Mayolo se lee en el artículo como «Carlos Manolo»,
apellido que no le hace honor a una de las mentes más inquietas
(en términos cinematográficos) del país. Y en el
sumario de la revista dice «Cine-autopsia: una expedición
al cine en Colombia» —expedición en vez de exploración—.
Excepto por estas letras erradas, pienso que el señor Valencia
Tamayo desarrolla un texto serio, capaz de proporcionar una idea general
del contenido de mi libro, y de argumentos adheridos a la misma base
de la cual emerge Cine-autopsia: una exploración al cine en Colombia.
No puedo dejar pasar la oportunidad sin referirme al resto de la revista:
variedad en los artículos, sin perder la idea de una publicación
madura, que profundiza en la medida de sus posibilidades, y siempre
atractiva a la vista. Sin embargo, el lunar lo representa el escrito
titulado «Golpe a golpe, te doy mis ojos», de Lucía
Moncada. Como autor de un libro sobre cine, de algunas reseñas
y críticas, y ante todo como cinéfilo, no puedo mantener
el silencio ante lo leído ahí. Si la intención
de la señora Moncada era escribir una reseña, pienso que
ha fracasado por completo (y ni hablar de una crítica). La razón,
la que precede a la mayoría de escritos sobre cine en nuestro
país: éste deja por fuera todo aquello que hace al cine,
cine (estructuras audiovisuales, narrativa, montaje, dirección,
fotografía, música, etc.), y se dedica al tema del filme,
que es sólo el pretexto para sumergirse en la propuesta artística.
Y es que quienes no conocen sobre cine, sólo se dirigen a lo
evidente: el tema de la película, los actores y, si acaso, el
director. Es obvio que este artículo no fue hecho por alguien
con formación audiovisual, ni mucho menos en teoría de
imagen. Las líneas de Lucía Moncada, así como la
entrevista hecha a la directora de Te doy mis ojos, dejan cierto sabor
a «reportería por casualidad»: alguien que estaba
de paso por San Sebastián, y de repente se encontró con
un festival de cine; estando allí, había que aprovechar
lo que se atravesara en el camino...
Ahora bien, si la película Te doy mis ojos era la excusa para
escribir algo sobre el maltrato físico, sea lo que sea, también
se queda corto. El texto ni se ocupa de profundizar en la cinta por
hablar de maltrato, ni ofrece mayores argumentos en lo referente al
maltrato físico por proporcionar datos del filme y de sus logros
en el Festival de Cine de San Sebastián. Lo único que
queda en evidencia es que la señora Moncada ni es estudiosa ni
crítica de cine y que sería de mayor atracción
leer sus artículos científicos y, eventualmente, sus crónicas
de lugares lejanos (esperando que en ellas no degrade alguna película
de la forma en que aquí lo hace). Persiste la duda expuesta por
Luis Felipe Valencia Tamayo al situarse en mi libro: quizás la
culpa de una pobre crítica en cine —y en arte en otras
ocasiones— o la ausencia de ella en el país, no se deba
a la inexistencia de personas con formación en cine o crítica
(y todo lo que ello implica), sino a publicaciones que permiten que
estas personan llenen sus páginas con opiniones ligeras, lejos
de constituirse en una crítica a una obra que, finalmente, pertenece
a una manifestación artística. Queda en su conciencia,
entonces, su compromiso ético con los lectores, al proveer estos
espacios a profesionales, aficionados, o a charlatanes (quiero pensar
en Número como una revista que les ofrece sus páginas
a las dos primeras categorías, y excluye la tercera).
Algún colombiano promedio dirá que «criticar es
muy fácil», pero realmente no lo es. Claro, si de una crítica
argumentada se trata (la crítica se basa en los argumentos, lo
que excluye al «opinómetro»). Pero consciente de
nuestra tendencia cultural a «criticar» —es decir,
a demostrar cierta inconformidad, pero no a argumentar—, quiero
obsequiarle mi libro, como muestra de lo que una discusión argumentativa
podría otorgar en función del estudio. Cine-autopsia:
una exploración al cine en Colombia fue escrito a finales del
año 2001, editado en el 2002 por el Fondo Editorial de Caldas,
y seleccionado como primer lugar en el Concurso Literario de la Secretaría
de Cultura de Caldas del mismo año. A lo largo del texto desarrollo
un rápido recorrido por el cine de Colombia, no solamente desde
la producción de películas y la historia, sino también
desde las bases que comprometen la imagen en movimiento, la crítica,
las instituciones creadas alrededor del cine, los artífices del
cine en Colombia, y la reacción del público frente a la
producción.
Tengo la tranquilidad de escribirle una carta a alguien que, como yo,
ve en la literatura no sólo el acto de compra y venta de un producto
o bien: existe un intercambio de conocimiento, resultado de un proceso
de estudio y de investigación, es representación de un
contexto cultural, e interactividad entre sujetos. Así pues,
estaré dispuesto a la discusión argumentativa con usted,
y si la oportunidad se presenta, a realizar algún aporte, sea
a título personal, a su revista, o en otro espacio donde podamos
encontrarnos. Finalmente, la literatura y el arte en general también
son eso, un lugar de encuentro común.
Agradezco de antemano la atención prestada.
Cordial saludo,
Carlos Calle Archila
Respuesta.
Los errores en las palabras Focine y Mayolo se produjeron en la transcripción
del texto y no se corrigieron, por lo cual pedimos disculpas.
En relación con la crítica especializada, aunque la respetamos
y la apreciamos, no es la única forma de acercarse a una obra.
La crónica, el reportaje y la entrevista son otras maneras de
escritura que dan luces, aportan y superan los metalenguajes de especialistas
para especialistas. Lucía Moncada, médica y cronista,
fue acreditada por Número previamente al Festival de San Sebastián,
así que no deja de ser un tanto aventurado hablar de alguien
«que estaba de paso por San Sebastián, y de repente se
encontró con un festival de cine; estando allí, había
que aprovechar lo que se atravesara en el camino». Tampoco pensamos
que en su nota degrade la película. Por el contrario, reflexiona
sobre la relación de pareja, la violencia sobre la mujer, el
machismo, el amor y la enfermedad del amor; el miedo, el terror frente
al ser amado. Lucía investigó tanto en España como
en Colombia sobre el tema y presenta cifras y datos concretos. Entrevistó
a la protagonista y buscó dar claridad y luces para que afrontemos
un grave problema que está más cerca de nosotros de lo
que pensamos.
Por lo anterior, estamos seguros de que en ningún momento prestamos
las páginas a opiniones ligeras o a charlatanes, como ligeramente
afirma el detractor. Ese es y ha sido nuestro compromiso ético.
En lo que sí estamos de acuerdo es en que la literatura y el
arte en general son un lugar de encuentro común, en el que no
es bueno descalificar a quien argumente, escriba o piense en forma diferente.
CARTA
DE LA DIRECTORA DE TE DOY MIS OJOS
La
directora de la película en cuestión,Iciar Bollain, le
escribió esta carta a Lucía Moncada, autora del artículo.
Madrid, 5 de marzo
del 2004
Estimada
Lucía: gracias por enviarme el artículo y la entrevista.
Creo que es estupendo cómo con distintas palabras —las
tuyas, claro— transmites lo que quiere contar la película,
cómo lo mezclas con referencias culturales de canciones (¡las
conozco todas!), recordando lo inmerso que el dolor y la violencia están
en nuestras culturas, y en general toda la reflexión sobre el
problema que haces me ha parecido algo estupendo. Las cifras de muertes
en Colombia son también tremendas —¡cuántos
hombres muertos—!; en eso sí nos diferenciamos, aquí
es raro que sea el hombre el que muera. Te felicito sinceramente por
el trabajo, te deseo mucha suerte y te mando un abrazo.
Iciar Bollain
ME
SIGUE GUSTANDO NÚMERO
16
de diciembre del 2003
Hola, señores:
Me sigue gustando la revista Número... Tiene país, se
ocupa de sus raíces, de su violencia y de su historia. Es una
revista seria. Bienvenido todo lo que venga del equipo de Número
y de su pandilla intelectual.
Saludos,
Poncho Rentería
¡DIOS
SALVE A BUSH!
General
Pico, Argentina, 15 de diciembre del 2003
«Dios
mueve al jugador, y éste, a la pieza.
¿Qué dios detrás de Dios la trama empieza...?».
Jorge Luis Borges, Ajedrez
Sus biografías
comienzan mostrando al agobiado hijo que soporta la carga de un padre
deportista estrella, héroe de guerra y futuro presidente: los
logros del padre convierten la vida del hijo en un infierno. Los biógrafos
de George W. Bush enlazan esos primeros cuarenta años de oscuridad
con la luz de su conversión religiosa, cuando la fe le señala
el camino, transformando las espinas en flores y el alcohol en petróleo.
Ahí lo muestran de nuevo pero alto, rubio, rudo y valiente, listo
para asumir su destino.
La elevación mística comienza el 6 de julio de 1986, cuando
su amigo y futuro asesor Don Evans lo convence de participar en un grupo
de estudio bíblico para dejar su alcoholismo y George, presionado
por su mujer y el pastor Billy Graham, acepta; y termina cuando descubre
a san Pablo y la teoría de los predestinados, esos hombres descritos
por Calvino que están salvados desde su nacimiento, sea cual
sea la naturaleza de sus actos.
La fe, explican sus biógrafos, le permitió a George W.
entender el mensaje y desde ese entendimiento construir un puente hacia
la derecha religiosa que formara su línea dura, alentándolo
desde los púlpitos, integrando su gabinete y fomentando sus reformas
entre los feligreses. La lista de agradecimiento de Bush incluye hasta
ahora designaciones de conservadores en contra del aborto, la prohibición
de la clonación humana y un aumento de los fondos para promover
la abstinencia en las escuelas.
La buena suerte que comienza en 1986 le da la gobernación de
Texas en 1995 y cuatro años llenos de presagios cumplidos: la
venta de su equipo de baloncesto por 14,5 millones de dólares,
la imposición de manos en su mansión de gobernador mientras
declara «Dios quiere que estemos en la Casa Blanca» y el
momento en que gana la presidencia con menos votos que su competidor,
Al Gore.
La señal de su gloria es clara y luminosa y gracias a ella, se
supone, Bush aguanta las acusaciones de usurpador que cascotean los
vidrios de la Casa Blanca en sus primeros meses como presidente.
La conversión de Bush y su camino de fe hasta aquí son
tan delicados como una tela de araña, pero es bueno conocer cada
detalle porque ahí quedaron atrapadas las críticas y las
burlas de los medios mientras detrás se agitaban y bailaban los
fantasmas que la construyeron como distracción y propaganda,
fantasmas que no son, precisamente, creyentes ni religiosos.
El discurso de fe, poder y curación es el árbol que esconde
un bosque de razones oscuras y mártires negros cuyas raíces
se alimentan de Leo Strauss, un filósofo judío nacido
en Alemania que a causa del ascenso nazi emigró hacia Norteamérica,
donde se convirtió en profesor universitario.
Strauss estableció la base de una nueva ciencia política
que parece iluminada por un maquiavelismo adaptado especialmente al
American Way, algo que los neoconservadores convirtieron en credo de
sus departamentos de ciencia política y que llegó a los
representantes más derechistas del partido republicano.
Las lecciones de Strauss, muerto en 1973, son seguidas hoy por el subsecretario
de Defensa Paul Wolfowits; el director de la Oficina de Planes Especiales
Abram Shulsky; el juez de la Corte Suprema, Clarence Thomas, y el fiscal
general de la nación, John Ashcroft. Su filosofía es sumamente
útil al gobierno porque justifica las creencias religiosas y
las utiliza como caballo de Troya de sus ideas, sin alarmar a los seguidores
dudosos ni ahuyentar a la mayoría religiosa en la que se apoyan.
Para Strauss, los capacitados para gobernar son los que aceptan el derecho
de los superiores a mandar a los inferiores; la religión funciona
como opio de las masas y permite imponer un poder que controle y disuada
del individualismo, incentivando la necesidad de un nacionalismo agresivo
que eduque al pueblo en la unión y la obediencia.
«La humanidad necesita ser gobernada porque es intrínsecamente
perversa, pero tal gobernabilidad sólo puede establecerse si
el pueblo está unido, y sólo se le puede unir contra otro
pueblo», dice Strauss.
Que Strauss haya sido expulsado por la Alemania nazi justamente cuando
sus ideas se volvían realidad en ella —a pesar de su origen
judío— no impide que Bush repita cosas que otros dijeron
antes que él, dejando las conexiones con ese pasado sucio a la
vista. Sólo basta apartar la religión: si el 11 de septiembre
calcó las palabras de su padre y en la tragedia del Columbia
el discurso fue cortesía de Reagan, sus fuentes pueden ser mas
viejas y perversas, como escribió Juan Gelman en Página
12 («Partituras», agosto de 2003).
El 20 de septiembre del 2001, Bush declaraba: «Los estadounidenses
se preguntan “¿por qué nos odian?”. Nos odian
por lo que se ve aquí mismo, en este salón: un gobierno
elegido democráticamente. Los líderes de ellos se autoeligen.
Nos odian por nuestras libertades: nuestra libertad de credo, nuestra
libertad de expresión, nuestra libertad de votar y de reunirnos
y de tener desacuerdos entre nosotros».
Joseph Goebbels decía en su mensaje de año nuevo de 1939:
«Odian a nuestro pueblo porque es decente, valeroso, esforzado,
muy trabajador e inteligente. Odian nuestras concepciones, nuestras
políticas sociales y nuestros logros. Nos odian como Reich y
como comunidad. Nos han obligado a una lucha de vida o muerte. Nos defenderemos
en consecuencia».
Richard Perle, expresidente de la junta de políticas de defensa
del Pentágono: «No hay etapas. Ésta es la guerra
total. Luchamos contra una variedad de enemigos. Hay muchísimos
afuera... hay que lanzar una guerra total contra esos tiranos (de Afganistán,
Irak y colaboradores), pienso que nos irá muy bien. Nuestros
hijos cantarán grandes canciones sobre nosotros en los años
que vendrán».
Goebbels en 1943: «La guerra total es el imperativo de la hora.
El peligro que enfrentamos es enorme. Nuestro esfuerzo debe ser enorme...
Quienes hoy no entienden esta lucha mañana nos agradecerán
de rodillas que la hayamos emprendido».
Strauss, como Goering, pensaba que la verdad debía guardarla
una minoría, un grupo selecto y efectivo, experto en embustes;
la religión, por supuesto, es excelente para camuflar las lecciones
de Strauss: si Bush admitió que la guerra lo tenía preocupado
porque sabía que para muchos sería injustificada, el propio
Evans reconoce que la fe le da al presidente «un sentido muy claro
de lo que es bueno y malo» y, por ende, una justificación
validada automáticamente por esa fe.
David Frum, escritor de los discursos oficiales, explica que el lenguaje
del bien y el mal surgió naturalmente (de nuevo la fe): Bush
decidió que Saddam era malvado y ese simple gesto convirtió
la guerra en justa.
Las explicaciones místicas son excelentes abogados ante el público
y motivo de júbilo de los evangelistas sureños. Gracias
a ello, el presidente puede mostrar unas cartas y jugar otras. No es
nuevo, por supuesto. En 1968, Ray Price le envió un mensaje a
Richard Nixon: «El elector reacciona frente a la imagen del candidato
y no frente al hombre, con el cual el 99% de la población no
ha tenido ni tendrá jamás contacto directo. Lo que cuenta
no es lo que existe sino lo que se proyecta... No tenemos que cambiar
al hombre, sino la impresión recibida».
Las contradicciones del presidente no molestan su santidad ni alejan
feligreses: si ayer invadió Irak por sus relaciones con Osama
bin Laden —aunque la CIA le dijera que no había evidencias
que lo probaran— y luego confirmó la existencia de armas
químicas que nunca aparecieron, el resultado sigue siendo el
mismo: esas acciones inexplicables vienen de la mano de alguien que
«cree que Dios le habla» según el evangelista Tony
Evans, aunque Condoleeza Rice «no quiere que hable de eso».
Para sus detractores, todo se basará siempre en un trasnochado
germen de cruzado que le dejaron sus antepasados protestantes; para
sus seguidores, el estricto cumplimiento de una verdad divina se le
comunicó sólo a él.
«Causa un placer secreto muy especial ver cómo quienes
nos rodean ignoran lo que les está pasando realmente»,
dijo otro iluminado: Adolfo Hitler. Tal vez la verdadera cara de Bush
también pueda leerse como una copia del pasado...
Iván de la Torre