|
Óscar
Emilio Alfonso Talero (Bogotá,1977). Licenciado en filosofía
y letras en la Universidad Santo Tomás. Actualmente da clases
de inglés y pastoral en el colegio San José de Calasanz
del Rincón de Suba. Ha escrito un libro de cuentos, En un Rincón
de Bogotá, que aún corrige, y trabaja en dos proyectos
literarios: una novela breve (con nombre inicial Antes de morir) y otro
libro al que pertenece este cuento.
|
A Yeiny Acosta...
|
Acá Allá
|
|
Juntos |
Su
abrazo me hace sentir protegida, dueña de un desconocido que en
poco tiempo se me metió en el alma. Su ternura brota al recostarme
sobre su hombro; y esta brisa que envuelve en fantasía nuestro
amorío, sin espacio para desconocidos o afanes. Mirar el reloj,
mi vieja costumbre que tanto lo desespera, me hace recordar que el tiempo
es fugaz, que somos sus prisioneros en un suave abrazo; hay que aprovecharlo
al máximo. «¿Cuándo vamos a estar solos?».
Hay que sacarle su instinto masculino, reflejado en sus caricias. «Cuando
tú lo digas». Para dejarme todas las decisiones. «Tú
decides». «El tiempo es breve porque en la madrugada debo
regresar». «Entonces, que sea hoy». «¿Alguna
condición?». «Protección». Eso sí,
hay que poner en práctica todo el conocimiento recibido en el colegio
en las famosas clases de educación sexual, que más eran
una invitación al sexo que a las relaciones ordenadas. Aunque no
habría problema si no usamos protección, bien podría
ser el padre de mis hijos. El
ambiente y la música son apropiados para la expansión; se
ve que todos están divirtiéndose en este río. No
me agrada la idea de meterme en vestido de baño, por eso no traje
nada; la toalla es sólo una excusa para evitar regaños,
así lo calmo. Se le ve en la cara que desea que vayamos juntos
a mojarnos. ¿Qué va a hacer? Trae la pantaloneta puesta;
como siempre preparado, todo calculado; se ve bien. «¿Bajamos?».
Siempre acompañando sus preguntas con una sonrisa, para conquistar.
«¡Vamos!». Es una propuesta que deseaba escuchar. ¡Qué
suavidad con la que me toma de la mano! Es un paseo por nuestro mundo
de amantes. Este camino es pausado y tranquilo, ideal para dejar escapar
mi pasión. «Chama, dígale a su novio que le compre
una botellita de guarapo, ideal para este momento». Este carajito
qué cree, ni que tuviera cara de bebedora insaciable. Aquella piedra
se ve precisa para sentarnos a descansar. ¿Qué va a hacer?
Camina, se sumerge totalmente; ojalá no se lo lleve la corriente
porque quedo viuda antes de tiempo, y además no faltará
el que me culpe. A pesar de sus gorditos, su abdomen es fuerte, agradable.
«No me moje, toche; ¿no se da cuenta de que el agua está
fría?». «Cuidado la toco». Ya va a empezar con
esas frases que tanto me fastidian. «Ven». Qué tal
este toche, llego así a mi casa y me devuelven por donde aparecí;
ni loca. Se aleja. Como siempre, no le gustó mi respuesta. La gente
se ve contenta, disfruta de esta tarde a la orilla del río. ¡Ah,
qué risa! No falta el tonto que se lanza en llanta y luego se voltea.
El agua se ve provocativa. Qué va, mejor me meto; así disfruto,
gano algún punto para no quedar mal, para que no empiece con su
frase de cajón para pedir más: «Usted no hace nada
por mí». Voy a hundirlo para ver cómo reacciona; qué
bien, zapatea. «Sentémonos». Definitivamente, su compañía
se ha vuelto agradable, y más cuando siento el calor de su cuerpo. |
El
pantalón ya está seco, aunque es normal por el calor que
brota de la tierra. Ahora a bailar. Está sola la pista. Mejor así,
es un ambiente más romántico. «Invítame a una
cerveza». Con este clima da demasiada sed. «Espera a que llegue
el mesero». Es una tarde que no imaginé posible, aunque definitivamente
en mi casa me van a matar porque llegaré tarde. No se mueve nada
mal, una razón más para demostrar en mi casa que no es un
mal partido. «Espera, vamos por la cerveza». Tengo que aprovechar.
¡Qué bien sabe! Refresca los labios. Ahora a seguir en este
tejido de pasos. Estaba demorado en besarme; y sigo sin aprender cómo
lo hace; esconde una pasión curiosa que sólo él logra
encontrar. Sus labios son delicados, frescos y se mueven de manera armoniosa.
Esa forma que tiene de humedecer los míos con su lengua me hace
soñar. ¡Qué rápido corre el tiempo!, ya está
llena la pista. Menos mal vengo con mi novio, no me imagino bailando con
alguno de estos toches. Sus manos recorriendo mi cuerpo me llenan de una
extraña agitación por dentro. Creo que es hora de ir a un
lugar más íntimo, donde podamos estar solos. «¿Nos
vamos?». «Si quieres». Una de sus tantas respuestas
que desesperan. «¡Vámonos!». |
Acá Allá Acá |
Esto y mucho más encontrará en NÚMERO
Regresar
a la Página Principal
Artículos en Internet |
Suscripciones | Editorial
| Número Ediciones | Números
Anteriores
Revista Número.
Carrera 21 Nº85-40 . Telefax: [571] 635-8012¬ 635-8013
Bogotá, Colombia
numero@elsitio.net.co