| SONATA EN MÍ |
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De
la escritora Lina María Pérez publicamos "Sonata en mí", ganador del primer
premio en el Concurso Nacional de Cuento Pedro Gómez Valderrama (2000),
convocado por la Biblioteca Gabriel Turbay y el Instituto Municipal de
Cultura de Bucaramanga.
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"Y
mi alma es esa luz que ya no habrá en los candelabros...".
-Fernando Pessõa |
Por Lina María Pérez
Ilustraciones de Mauricio Franco
| Lina María Pérez (Bogotá, 1949). Licenciada en filosofía y letras de la Universidad Javeriana, ganó el Premio Internacional de Cuento Juan Rulfo, modalidad Semana Negra (1999), y fue finalista del XIV Premio Internacional de Cuentos Max Aub, de Segorbe, España (1999). |
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I. ALLEGRETTO
MODERATO -Hay
que cambiar el tendido. Se orinó otra vez. |
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II. ALLEGRO El piano irrumpe
sombrío, y el violín lo acosa intensificando tonos. El contrapunto de
los instrumentos fluye en el pulso de Araminta. Araminta-niña se ve
al lado de una abuela que entona cantos sobre iguanas que toman café
a la hora del té; al instante siguiente Araminta-mujer se abraza a cualquier
bolero en el que Únicamente tú nunca llegó a ser Octavio Jiménez, su
esposo gris y desteñido. Una melodía cálida, enamorada de sus acordes,
le trae la locura por Miguel Orellana, la pasión multicolor de sus años
universitarios que se quedó anidando en su piel y en sus deseos desde
las tardes de besos desaforados. |
III. RECITATIVO. FANTASÍA. MODERATO MOLTO LENTO Los acordes se desplazan
nítidos, sabios. Es una especie de divertimento, un contraste entre
solemnidad y alegría que genera en Araminta una impresión renovada.
Odia a los fantasmas hospitalarios y esperpentos grises-desteñidos que
amenazan violar ese instante de amadas resonancias. El violín virtuoso
insiste en la melodía original una y otra vez con espléndidas variaciones.
Y Araminta se mezcla en los compases, palpita en los registros y siente
el milagro de la analogía de la música con su existencia. Quiere enfrentar
en él a todas las mujeres que han mudado en ella. Y se piensa a los
17 años. Primer beso: el horror del deseo, el deseo del horror, el nombre
de Miguel Orellana invadiéndola toda, con pasión, sin compasión, a merced
de ese impulso sorprendente, maravilloso, incierto. El deleite de la
virginidad a flor de él. |
IV. ALLEGRETTO POCO MOSSO A medida que el
violín inicia sus notas precisas, Araminta es presa de un cataclismo:
como una feroz exaltación se levanta con la saña de un viento devastador,
el sentimiento de que la música y la muerte se parecen en sus enigmas
y certezas. Descubre que su fascinación por el mundo multiforme de sonidos
y sugerencias de su sonata la convida a esa otra fascinación por la
muerte. Música y muerte significan refugio, trinchera contra la desdicha.
Allá afuera, más allá del aparatoso sistema de supervivencia, lejos
de su mano amiga, habita una maraña densa, árida, entumecida, de la
que ella ya no quiere hacer parte. El piano deja su timidez para imponer
su autoridad. Araminta percibe la vitalidad y presencia de la música
mientras recupera, nota a nota, la memoria de los instantes anteriores
al accidente. Un dolor profundo se enquista en su corazón cuando piensa
en Miguel Orellana. Quiere gritar, arrancar los tubos, respirar sin
la ayuda de la máquina... La melodía de la sonata se agita como ella
y regula su aire. Rechinan los goznes de la puerta. Las voces de Octavio
y del médico se sitúan a lado y lado de su cama. |
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